Mariela volvió de su último viaje con una decisión tomada: cambiar la forma en que VOi diseña los viajes. Se lo preguntamos y esto es lo que contestó, en sus palabras.
Hace rato que vengo trabajando en mí: en mi forma de ver las cosas y en mi forma de viajar. Todos los viajes que hice en mi vida me cambiaron, me aportaron, me transformaron. Este no. Este lo hizo de otra manera, de una forma integral. Y creo que es lo más consciente que aprendí en mi vida.
No fue casualidad. Fue una decisión: decidí que este viaje iba a ejercer un efecto distinto en mí.
Diseñé un viaje para que me trataran con algodones
Lo diseñé así a propósito. Para que me trataran increíblemente bien, porque no hay nada más hermoso que el buen trato, el buen servicio, los pequeños detalles. Ni hay un lugar desde donde uno sea más productivo.
En todo el viaje no me encontré una sola persona que me hablara mal, que me hiciera mala cara, que me atendiera de mala gana. Eso se siente increíble. Y lo hace a uno querer hacer lo mismo.
El café de Estambul
Cuando llegué a Estambul me había reservado un hotel muy especial. La persona que me recibió lo hizo con una amabilidad extraordinaria, y me preguntó si quería un café.
Me lo sirvió. Pero el café venía en una bandeja servida con un detalle, con un cuidado. "Ese es tu café", me dijo.
Se notaba que ese café estaba servido con la idea de encantar. Que la persona no estaba cumpliendo un trámite: estaba haciendo su trabajo para que el otro se sintiera bien.
Cuando volví, lo primero que pensé fue: quiero que mi equipo sienta lo mismo.
El boleto va adentro, pero no es lo valioso
Desde ahí entendí que los viajes no pueden seguir vendiéndose única y exclusivamente pensando en un boleto aéreo, un hospedaje, unos traslados y unas cuantas actividades.
Claro que eso va adentro. Pero lo más valioso de este trabajo es otra cosa: el trabajo mental, físico y emocional de conocer a un cliente, de entender qué está buscando, de entender qué quiere vivir, y de llevarlo hasta ahí.
Y de pensar, además, cómo cada actividad que va a vivir en el destino puede transformarlo. Porque no estamos armando itinerarios: estamos diseñando viajes para sentir.
Un viaje te expande por donde vos ya estás mirando
Cada lugar tiene algo increíble para ofrecer, y un viaje se expande contigo. Si te gusta la decoración, el viaje te expande por ahí. Si te gustan las ventas, también. Si te interesa la espiritualidad, igual. En todos los sentidos posibles, y en el que a vos te toque.
En este último viaje vi muchas cosas que tenía que aplicar en mí y en el equipo. Y decidí cambiar: convertir los viajes en algo que le sirva a la gente para ver más allá de lo que ve alrededor, aquí mismo, donde estamos.
Es una forma de crecer que muy pocas cosas nos pueden dar.